En los refugios de altura se amasa memoria junto a hornos encendidos desde antes del alba. Canederli flotan en caldos claros, el speck cruje bajo cuchillos afilados y el strudel calienta los dedos fríos. Los guardas cuentan tormentas y vendimias, recomiendan senderos que cruzan pastos suaves y regalan la primera rebanada tibia con mantequilla de montaña, miel oscura y una sonrisa que no necesita traducciones.
En los refugios de altura se amasa memoria junto a hornos encendidos desde antes del alba. Canederli flotan en caldos claros, el speck cruje bajo cuchillos afilados y el strudel calienta los dedos fríos. Los guardas cuentan tormentas y vendimias, recomiendan senderos que cruzan pastos suaves y regalan la primera rebanada tibia con mantequilla de montaña, miel oscura y una sonrisa que no necesita traducciones.
En los refugios de altura se amasa memoria junto a hornos encendidos desde antes del alba. Canederli flotan en caldos claros, el speck cruje bajo cuchillos afilados y el strudel calienta los dedos fríos. Los guardas cuentan tormentas y vendimias, recomiendan senderos que cruzan pastos suaves y regalan la primera rebanada tibia con mantequilla de montaña, miel oscura y una sonrisa que no necesita traducciones.
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